La mejor manera de transmitir la experiencia de la educación Waldorf en nuestra escuela de Córdoba, es a través de vivencias reales. Las familias de la escuela quieren compartir con todos vosotros/as su experiencia en nuestra escuela.

¿Por qué Waldorf Córdoba International School?

La escuela de nuestros hijos es sin duda un lugar mágico. Cruzar el umbral es adentrarse en un mundo esencialmente bello, entendiendo la belleza como aquello que nace del amor. Porque los maestros que acogen a los niños cada mañana aman su labor, que realizan con el máximo esmero, cuidando cada detalle para crear el ambiente adecuado para el desarrollo de cada uno de sus alumnos. De esta manera, los pequeños de la etapa de Infantil viven su mañana en un precioso espacio que recuerda a los cuentos de hadas: unas aulas acogedoras y bonitas, sorprendentemente ordenadas, cuidadas, donde nada sobra y nada falta, y todo está en su justa medida para que los niños puedan hacer aquello a lo que se deben dedicar, que es, principalmente, jugar, pero también escuchar cuentos, cantar canciones, dibujar, modelar, cocinar, así como mantener su espacio común en orden entre todos, para lo cual barren, limpian la mesa y los utensilios que han usado, todo siempre bajo la atenta y amorosa mirada de su maestra. También hay lugar para la expansión en un jardín lleno de posibilidades para el juego libre, donde excavan, trepan, construyen ríos, volcanes, imaginan casas y guaridas secretas.

Por su parte, el espacio de los mayores, de  la etapa de Primaria, está igualmente pensado para sus necesidades, así que también está regido por el orden, que da quietud, y la belleza, que inspira y alimenta el alma. Allí, desde el amor y la escucha de sus necesidades, se adentran en el mundo de las letras y los números, ahondan en su aprendizaje artístico (mejorando en sus habilidades pictóricas y escultóricas, y aprendiendo a tocar instrumentos musicales, a coser, a tejer, a crear y representar obras teatrales, …), aprenden idiomas, historia, geografía, ciencias, elaboran recetas de cocina cada vez más complejas, cultivan el huerto, hacen excursiones por el campo y visitas a artesanos y profesionales que les muestran sus oficios,… en definitiva, se van preparando poco a poco para abrirse al mundo, y lo hacen de una manera pausada: escuchando cuentos y fábulas, y disfrutando de ratos de juego libre en el jardín, donde entretejen relaciones entre ellos y aprenden a vivir en comunidad y a resolver conflictos, siempre con la guía de unos maestros maravillosos, muy experimentados, entregados y volcados en su profesión.

Por todo esto, y mucho más, como la baja ratio alumno-profesor, hemos escogido la escuela Waldorf de Córdoba. Como padres, nos sentimos plenamente satisfechos con la visión integral que se tiene aquí de los niños. Se forman a personas entendiéndolas en su totalidad y, cosa fundamental, no solo desde el amor, sino además desde el conocimiento profundo de sus necesidades según su momento vital. Estamos seguros que todas las herramientas que están aprendiendo aquí, tanto emocionales como cognitivas y artísticas, les convertirán en unas personas libres para elegir su camino en la vida.

Adara (Dos niñ@s escolarizados en infantil y primaria)

Mi experiencia en Waldorf

Aun recuerdo la impresión que me dio el primer contacto que tuve con la escuela, fue un flechazo directo al corazón
Soy madre de una jovencita de 18 años, de un adolescente de 15 y una pequeña de 5 años . Cuando la pequeña tenia 3 años , visité las escuelas que hay en Cordoba de pedagogías alternativas y la cita en Waldorf fue la última por lo que ya tenia mis primeras impresiones de las demás, que tengo que decir que de todas fue positiva, pero en Waldorf sentí sin ninguna duda que era el lugar ideal para mi hija. Sara no había ido hasta el momento a ninguna escuela ni guardería y en la escuela encontró un respeto absoluto a sus ritmos ; para mi era muy importante ese punto y nos dieron opciones para adaptarse a su ritmo y dentro de unas condiciones del todo comprensibles como por ejemplo al respecto de la hora de entrada a la escuela.

Destacaría de esta pedagogía el respeto en mayúsculas y la mirada y presencia que reciben los niños y las familias y la entrega e interés en conocer y ver al niño tal como es y ayudarlo a que se desarrolle y evolucione desde ahí, desde él mismo como ser único y que aprenda a desarrollar todas sus capacidades para él mismo y para el entorno y personas que lo rodean, desde un aspecto emocional, social, espiritual y por supuesto académico.

Estoy muy agradecida por tener la oportunidad de que mi hija pueda crecer en esta escuela por lo que le aporta a ella y a nosotros como familia. Ojalá cada vez más familias vean la pedagogía Waldorf como una opción .

Sandra (Infantil)

 

 

 

Los niños pueden expresar, sentir, jugar, ser ellos mismos, Waldorf va más allá de unas horas de aprendizaje memorístico e intelectivo

Tener un hijo te transforma, te dirige hacia unos planos que nunca pensaste siquiera que existen. Y además te muestra que puedes traspasarlos, y que eres capaz de ir más allá de lo que tu realidad te ofrece.

Conocí la escuela de casualidad, cuando se acercaba el momento para mi primer hijo, y recorriendo varias en la ciudad, experimenté como mi pequeño, que apenas hablaba, me acuciaba y me daba la respuesta: “Mamá. Es ésta”. Y le escuché. Sentía mucha seguridad y entusiasmo, y lo poco que en aquel momento encontraba sobre la pedagogía me cautivó: naturaleza, período de adaptación, arte, música, manualidades…Sin forzar, sin querer que todos/as sean iguales. Quizá fue esto último lo que me impulsó con más fuerza, pues sabía que mi hijo no quería ser uno más en una lista de 25 alumnos/as, que necesitaba un espacio donde se respetara su sensibilidad, se alimentara su ser desde lo más profundo, se le permitiera ser un niño.

Los comienzos en el aula fueron preciosos, en la escuela algo más complejos, pero mi hijo tenía claro que ese era el camino, y que yo debía ir con él. Desde entonces, es tanto lo que he aprendido, como madre, como persona, y lo que me queda por recibir, que siento en lo más profundo de mi ser que mi hijo fue quien me trajo a este camino de respeto, autoconocimiento, expresión, convivencia

Cuando mi hijo mayor tenía tres años y el hermano pequeño tan sólo uno, una situación de gravedad nos hizo salir de Córdoba, salir precipitadamente de casa y sacar a nuestro hijo de su amada escuelita. Fue a otra convencional durante un tiempo, y tal era el sentir que ese pequeño ser me trasladaba que me dio las fuerzas, el coraje, la firmeza, de que yo era capaz de volver a casa, de hacer que mi hijo se sintiera de nuevo protegido, seguro, él.

Todo es posible, eso nos dicen siempre, y cuando una madre lo siente en sus entrañas, siente también que sus hijos lo reciben, y sabe que un espacio escolar donde puedan expresar, sentir, jugar, ser ellos mismos, va más allá de unas horas de aprendizaje memorístico e intelectivo

Yo tengo la certeza de que lo que quiero para mis hijos es que sean felices, que conecten con la creatividad que traen a esta vida, que canten, que jueguen, que gestionen sus emociones. El resto viene dado, los contenidos conceptuales son más fáciles de integrar que los que nos dan la sabiduría más verdadera, la que nos conduce en la vida y nos guía en cada decisión, en cada aprendizaje

Hace años me pregunté: _¿qué quiero que aprendan mis hijos? Y la respuesta fue : “A vivir desde su propia libertad”

Y ahora encuentro algo sorprendente: Soy yo la que estoy aprendiendo.

Así que gracias, pequeños, gracias

Cristina (Dos niños escolarizados en infantil y primaria)

 

¿Porqué elegí para mis hijos la Escuela Internacional Waldorf Córdoba?

Como los grandes inventos de la historia, yo conocí la Escuela Waldorf “ de casualidad”. Mi hijo que entonces tenía 3 años no había entrado en el cole que queríamos (que siendo de fuera de Córdoba habíamos elegido por cercanía al domicilio y algunas referencias). Una buena amiga me comentó que si no sabia qué hacer que probara en su cole y al año siguiente lo volviera a intentar. Así hice “por probar”, Juan hoy tiene siete años y Diana tres y si el Universo quiere estarán ambos allí hasta que se acabe la primaria, o la secundaria jeje quien sabe de aquí a unos años si conseguimos que crezca aun más la escuela.

No conocía nada de la pedagogía y aún hoy siento que me queda muchiiiisimo por conocer. Pero se que mi hijos en la escuela son felices, son acompañados amorosamente por todas las etapas que ellos van viviendo en su evolución como seres humanos y yo también me siento acompañada en mi proceso de madre. Cuando Juan entró tenia un nivel de berrinches y baja tolerancia a la frustración bestial que se acompañaba con manías continuas, ¡¡estaba desesperada!!, sin embargo percibí el amor con que las maestras acompañaban cada situación y me empape del proceso, ahora él y yo nos reímos recordando esa etapa y me hace ver cuanto hemos aprendido ambos. 

Los maestros Waldorf tienen una formación amplia sobre la educación, después de sus estudios deben pasar tres años más formándose y un año de prácticas. Pero ¿cómo no voy a creer en una pedagogía en la que se defiende que el mundo es bueno, bello y verdadero? Creo que un mundo mejor es posible y por supuesto ayudare a mis hijos en todo lo posible para hacerles ver que hay que cuidar al planeta, que somos uno y que el amor mueve la vida. Pero si además la escuela en la que pasan gran parte de su vida también lo hace pues eso que se lleva su alma.

Bendito el día que conocí a esa amiga que me abre muchas veces las puertas y bendito el día que conocí esta pedagogía que como dicen transforma a tod@s los seres que toca.

Pilar (Dos niñ@s escolarizados en infantil y primaria)