La diferencia entre aprender y saber: una primaria para mentes creativas

La diferencia entre aprender y saber: una primaria para mentes creativas

El pasado 11 de marzo nos convertimos en niños y entramos en el reino de Chunchurumbel

En el reino de Chunchurumbel los padres se convierten en niños para aprender como sus hijos trabajarán en una clase de primaria Waldorf. En ese reino, las letras se convierten en habitantes, con historias, formas, canciones y movimiento. Y los números, lejos de ser simplemente un concepto, se tornan en ritmo, realidad, experiencia.

Es así que descubrimos que cuando todo nuestro ser – la mente, el cuerpo y el alma – participa en el proceso del aprendizaje…entonces sí: se aprende de verdad. El pasado domingo, José Luis García, maestro Waldorf de primaria, nos dio el privilegio de participar en la clase a la que todos hubiésemos querido asistir a los seis años.

El trabajo de las primeras horas de la mañana está basado en el movimiento. Sólo si intervienen también la energía y el cuerpo, el niño se podrá involucrar verdaderamente en el proceso de aprendizaje. Un niño sentado en una silla, a las 9 de la mañana, es un niño inquieto o adormilado, aburrido, medio pendiente de la clase y medio pendiente de su imaginación. Sin embargo, si la clase no empieza en un pupitre, sino bailando y cantando rimas en un corro, el niño está presente, vive lo que el maestro cuenta: no se sabe los conceptos de memoria durante un día, sino lo aprende de verdad y forman parte de su ser.

El domingo descubrimos que las vocales son hijas de un rey, tienen voz y también forma. Se pueden escribir con el cuerpo, a través de trazos que nunca se olvidarán. Descubrimos que los números son ritmos y palmadas y que las tablas de multiplicar pueden ser divertidas si se viven con pasos y canciones, y no se nos olvidan si forman parte de una experiencia. Descubrimos que la geografía se puede aprender bailando pasos en forma de valle y de monte. Descubrimos que la fauna del bosque se convierte en parte de nosotros si la representamos en un teatro.

Acabamos maravillados, alegres y con ganas de aprender más…y descansar. Es en este momento que el maestro nos dejó sentar en los pupitres, para una fase más estática del aprendizaje. En una clase Waldorf, la segunda parte de la mañana se dedica a las especialidades: ya entendimos el porqué.

Fue un taller vivencial que nos hizo entender que no es importante saber. El conocimiento es infinito. Siempre se nos quedará algo atrás. Lo más importante es saber aprender, tener sed de aprendizaje continuo. Es a esta pasión infinita por descubrir y vivir a la que se educa a los niños en la pedagogía Waldorf. Como padres, tenemos la oportunidad de regalar esta educación a nuestros hijos.