EL COMEDOR

Gracias a la alimentación es posible que organicemos nuestro cuerpo para que sea un instrumento cada vez más apto para los impulsos de nuestra vida espiritual. Hemos de comer de cierto modo para que no se haga realidad la frase de que “nos convertimos en lo que comemos”.

Rudolf Steiner

El Corazón del comedor: 
El comedor Waldorf se caracteriza por extender el ritmo de la pedagogía también al momento de la comida, que se entiende como un tiempo donde no solamente nuestros hijos e hijas se alimentan por la boca… sino que es un momento de encuentro, de respirar, de escucharse… de aprender del otro. Niños y niñas se atreven a probar alimentos nuevos, conocen los procesos de digestión… el comer en grupo enriquece, pues es un acto social del que todos participamos en muchos momentos.
El comedor no es sólo lo que comen los niños y niñas,  sino rutinas, ritmos, formas de hacer, emociones y sobre todo SENSACIONES, que impregnan desde el ambiente de armonía hasta los alimentos, su forma, olor, tacto, cómo llegan hasta la mesa o cómo se elaboran.
 Despertar la CURIOSIDAD es una labor de la maestra acompañante Waldorf, fomentando la INSPIRACIÓN en cada niño o niña, que es el sentido último de este espacio, ya que desde la inspiración, los pequeños desarrollarán su imaginación y creatividad a la vez que se nutren.
Este momento es una prolongación de la mañana, por lo que los juegos de dedos, rimas y canciones, que acompañan a la pedagogía,  pasan al ritmo del comedor. Se cuida un ambiente armónico, relajado, sano, sin prisas y sobretodo sin presión… con mucho amor, donde la visión de los niños y niñas es única y especial.

EL FUTURO DEL COMEDOR

Además, el proyecto de Escuela, cómo su filosofía, añade a este hacer la conciencia sobre lo ecológico, local y sostenible que también impregnará a nuestros hijos e hijas. Por eso, los huertos de infantil y de primaria están vinculados con el comedor: los niños además de cultivarlos y ver cómo crecen, fruto de sus propio trabajo en el jardín, se lo comerán en la mesa.